Lucha de gigantes

Written on 15:22 by Eugenio Sendarrubias

Sounds of the Universe, el último disco de Depeche Mode, confirma que el tríbrido sigue sin funcionar desde hace más de una década al mismo nivel

Eugenio Sendarrubias. Duodécima entrega de una de las bandas más internacionales de la historia del Rock. Y a estos miles de pies sobre la tierra, como les sucediera a U2 titulando su último y apabullante No line in the horizon, Depeche Mode se han autoproclamado decodificadores para la basura espacial que atormenta nuestras listas de éxito: Sounds of the Universe (Mute’09), un disco escéptico de sus dos predecesores, ácido, ecléctico y a niveles de producción difícilmente asumibles para discográficas por debajo de la talla multinacional.

Presupuestos privilegiados para explotar las horas de estudio junto a Ben Hillie (que ya produjo su anterior álbum Playing the Angel, Mute’05) que han sido fielmente filmadas y explotadas en el los extras de los que más tarde hablaremos. Tras las verosímiles piezas compuestas por Martin Gore y Dave Gahan (voz y guitarra sobre el escenario), la presencia de Andrew Fletcher en algunas de las creaciones da pie a que termine por aplaudir cada vez que le dejan a este último meter mano en los discos, siempre y cuando Gore convence a Gahan de que su concepción del sonido industrial se pasó de rosca hace casi veinte años y él mismo está inspirado. Lucha de gigantes por los derechos de autor, número de composiciones y este tipo de morcilleo que se da en los discos que venden cantidades astronómicas en la era de laMula.

Eso sí, sin decepción con la totalidad de sus letras. Irónicas, casi lascivas ante el establishment al que casi desde su inicio han pertenecido: el de grupo de masas, resuelven su identidad apátrida como músicos y testigos de un mundo. De esta misma idea ya vino el título de uno de sus mejores álbumes, ‘Music for the masses’ (Mute’87), en el actual meridiano de su carrera. Y en Sounds of the Universe Gore da rienda suelta a su particular visión del mundo, y se desprende en pocos versos lo bien que se lo debe pasar uno siendo una estrella del rock a cierto nivel.

* Los 13 temas han sido registrados entre Santa Bárbara y Nueva York, y se prestan al siguiente menudeo:

1-“In chains”, es una excelente opción para arrancar. Cuando te lo has zampadao miras su minutaje y no te lo puedes creer. Unos pocos samplers en su lugar y sintetizadores analógicos creando atmósferas propias de generaciones posteriores a las que se empeñan en pertenecer.

2-“Hole to Feed”, de lo peorcito del disco. Oscuro, inconcluso y de estructura fangosa, que no por ello interesante. Más oscuro que una cara-B de Rammstein.

3-“Wrong”, que tiene tanta miga como aparenta. Los mejores sonidos de los diferentes teclados van a parar a este tema. Cuando escuchas el disco por décima vez comprendes porqué ha sido elegido como single. Cada vez que Gore dice “wrong” tú piensas “reach out and touch faith”, pero no, no suena “Personal Jesus”.

4-“Fragile Tension”, un tema de lo más accesible a los oídos ajenos a la banda de Basildon. Me perturban las engoladas que usa Gore en este tema. Si alguien cerrando los ojos ve tal y como yo veo a Enrique Iglesias dándolo todo, que me avise. De lo contrario voy a empezar a terminar con tanta eclecticidad en mis orejas.

5-“Little soul”, pequeña e íntima se agazapa en las líneas de melodía que con Gore siempre rozan las leyes del “menos es más”. Trabajo increíble de mezcla. Es una perlita ajena al resto del disco, pero desde luego a años luz de la carrera del grupo. Fácil.

6-Escucho “In sympathy” y pienso si no podrían haberla creado los Matmos de los mejores tiempos… Genial, espectacular. A esta altura del disco empiezas a sospechar que este va a ser otra vez (como los anteriores) un disco de buenas canciones, todas ellas sin alma de ‘hit’. Es verosímil con gran parte de su carrera, y eso me importa. Lo digo porque a ellos parece que a menudo no les preocupa lo más mínimo. Mi preferida, y puede que la mejor del álbum.

7-¿Quién ha invitado a Jean Michael Jarre a la fiesta? Desde luego ha sido Andy Fletcher, y tengo debilidad por él, por su respeto a las melodías, por dejar que fluyan las frases, que respiren… y por sus puentes de entrada y salida que replantean los estribillos. Cuesta pensar cómo asume la obsesiva oscuridad Dave Gahan. “Peace” está un peldaño por debajo de los mejores, eso también es verdad.

8-“Come back” es el tema mediocre que te permite apreciar el basto trabajo de producción y la selección casi infinita de sintetizadores analógicos que hay detrás de este disco. ¿Qué colección de sintetizadores deben tener entre todos? Es conocida la de Martin Gore, y en el disco debe andar la mitad de todos esos potenciómetros.

9-“Spacewalker” es, como “Little Soul”, una canción sencilla capaz de abarcar un concepto y resolverlo por completo. Instrumental y sinuoso ha conseguido que todos se hayan puesto de acuerdo y se haya respetado el ambiente ingenuo y espacial con el que debió nacer la canción.

10 y 11-“Pefect” y “Miles away/ The truth is” o ese par de canciones que hubieran hecho al disco mucho mejor de no haber aparecido en el.

12:-“Jezebel” recupera un buen nivel.

Las baterías, a lo largo del álbum, apenas hacen acto de presencia y se echan de menos en las bases rítmicas las texturas y personalidad de la que no carecieron antaño. Ahora la cosa viene sustituyendo algunos golpes de bombo y caja por sonidos

huecos que apenas molestan a la interacción por la cual las melodías se mezclan con capas de sintetizadores. “Jezebel” posiblemente es la más rara tiene un encanto superior a las mediocres “Hole to Feed”, “Pefect”, “Miles away/ The truth is” y “Come back”. Lo raro es que esta la podría cantar U2 en Joshua Tree o el Bowie de los 90.

13.-Es difícil imaginar que con tanto tema mediocre, más una gran parte a medio camino entre el sí y el no, para cuando llegues a “Corrupt” estés deseando rescatar alguna de las mejores canciones del disco. Es decir, que ya has corrido varias veces sobre tus pasos. Quizá por eso “Corrupt” se venga a menos, pero pese al esfuerzo de Ben Hillie por sacar con su dedicado trabajo lo mejor de algunos temas como este, al final la canción tampoco viene a aportar mucho.

* Tresillo y coda:

1.-Marketing viral: Cuesta imaginar a otro grupo con mayor potencial en cuanto a marketing para la red. En España han desvelado una de las mitades del disco a través de la web de Radio Nacional de España, con su correspondiente promo. Y, en plan extra, ¡vaya web! Barbaridades.

2.-Edición especial: bastarda explosión de extras en un cuádruple box-set con 3CD’s, que incluyen el disco, temas extra y remezclas, maquetas inéditas (de discos como Violator, Songs of faith and devotion y Sounds of the unvierse) respectivamente, y un DVD con tres películas filmadas durante la grabación de Sounds of the Universe (especialmente interesantes para productores musicales o técnicos de estudio – vouyerismo industrial). Además del video promocional de ‘Wrong’. Súmenle fotos de la grabación, un póster, cinco postales, un certificado de autenticidad (el precio del paquete bien lo merece) y dos insignias esmaltadas que dan cierto toque cutre-sajón a este paquete espectacular.

3.-Trabajo gráfico: Anton Corbijn. En mi opinión sublime, y en cadena ascendente en los troquelados y diversificaciones de trabajo total de arte para completar el pack del disco, menús del DVD, promociones audiovisuales y los etcétera consecuentes del proyecto. Increíble. Otra liga, de verdad.

* Coda:

¿Por qué acepta el viejo que ha envejecido? Se hace huraño y, como calla lo que piensa, cada vez tiene peores ideas. Pero no es capaz de abandonar a sus fantasmas, y la mujer le carga, no se cicla, ni se airea. Y así se va consumiendo, en un espacio vital cada vez más angosto. Al final el único que respira dentro de Depeche Mode es Andy Flecher, por su inagotable fuente de colaboraciones, producciones y proyectos paralelos. Pero los otros dos tratan de acompasarse por los siglos de los siglos, y al final, por desgracia, los discos terminan siendo híbridos de dos mentes que tienen mucho que dar. Mi hipótesis es que Martin Gore en solitario, o sin Gahan, podría tener mucho mayor recorrido que el de los últimos tres discos. Está claro que a uno no le ha de apetecer el zumo de tomate toda la vida, pero Depeche Mode desde que arrancásemos la década ha decidido permanecer creando a buen ritmo a cambio de una sumisión a su edad que, ciertamente, no tendrían por qué tomarse tan en serio. No me puedo creer que ya no quieran componer canciones capaces de transgredir la identidad de su pasado. Hay guiños a lo mejor de la electrónica actual, y todo esto está muy bien, pero yo sólo me pregunto: ¿quién les ha convencido para que hayan dejado de hacernos bailar?


Publicado en Levante Digital, Blue Music (03/05/09)
http://blogs.levante-emv.com/blue-music/2009/05/03/lucha-de-gigantes/

Las vanguardias decodifican el movimiento hippie

Written on 15:15 by Eugenio Sendarrubias

Merriweather Post Pavilion, es el último disco de Animal Collective, publicado en enero de 2009. Nos ha costado casi cuatro meses digerirlo.

Eugenio Sendarrubias
. Durante los siglos VII y VI, antes de la experiencia reveladora, escribieron Zósimo y Heródoto, que el opio pululó por las ciudades - tanto en China como en Europa - levantando un auténtico polvorín de contrabando. Poco siglos más tarde, el arbusto de la coca sometió a las sociedades andinas y, con cierta sincronía historiográfica, el betel dio su latigazo sobre la población india. En la época que nos ha tocado vivir es muy sencillo conseguir sustancias derivadas de las que acabo de citar, en dosis más o menos salubres, de forma ilegal y, por tanto, mezcladas con harina de centeno, bicarbonato o tabasco, por desgracia. Pero con el uso de los días también hemos aprendido a meternos otro tipo de viajes. Entienda, pues, que Merriweather Post Pavilion (MPP), es un viaje de ilusiones ópticas, ambientes que transportan a parajes acogedores, cósmicos y cuatridimensionales –sin explicación-, patrocinado por Animal Collective. No obstante, como cualquier otra fiesta de tanta etiqueta, el acceso está restringido a un público sin prejuicios.

Animal Collective no es un grupo de rock. Es una panda de freaks que conforman un colectivo. Entienda por freaks en este caso concreto a personas que han potenciado su extraordinario talento musical, y entienda por colectivo que, por ejemplo, para grabar este disco uno de sus cuatro miembros se ha tomado unas vacaciones. Son de Baltimore, Maryland (EEUU), la ciudad que desmenuzaron magistralmente los guionistas de la serie de ficción The Wire, en HBO, o que John Waters (Pink Flamingos, Polyester) usó como plató para la mayor parte de su filmografía. Ellos se evaden de ambos referentes audiovisuales, y sus letras apuestan por la evasión de la realidad a través de la suma de capas y más capas, de una sabia elección de sintetizadores. A ello se suman las horas grabando el piar de las aves en mitad del picnic, de los clubes sociales en verano cuando los niños quieren bañarse a la hora de la siesta, pero nunca utilizados de forma que podamos recrear un ambiente conocido; cotidianito; familiar.

Ni siquiera ellos mismos se muestran de forma real ante su público. A menudo disfrazados, son conocidos con los motes de Panda Bear, Avey Tare, Deakin y Geologist.
Su líder, Panda Bear (sonrisa) vive en Lisboa (genial). Una de las experiencias de las que más han hablado en las entrevistas concedidas a lo largo de la promoción de su nuevo trabajo es, precisamente, la posibilidad total que ofrecen los actuales medios tecnológicos para componer a distancia. Si a principios de década The Postal Service compuso un disco tan redondo como Give up a través del correo electrónico, Animal Collective profesan su amor por el trabajo compositivo a través de multiconferencia. Claro que, trabajar directamente on-line tiene ciertos riesgos; en su caso el disco se filtró en la Red días antes de ponerse a la venta.

Merriweather Post Pavilion, once baldosas retroiluminadas

In the flowers responde a esa marcada tradición de usar uno de los temas que, seguramente no habiendo nacido con este propósito, parece dar la bienvenida entre pentagramas al viaje. El volumen de pistas con que trabajan a lo largo del disco supera de lejos el número de palabras que se me han permitido usar para hablar del resto del disco. De puntillas se elevan melodías que, (siendo el núcleo duro de todo el álbum) sobre una base orgánica, son el hilo conductor de los diferentes espacios que se proponen. Este primero puede que sea uno de los tres mejores ‘salones’ al que accedemos. La nave nodriza despega, pero, con cierta sensación de éxtasis por la velocidad con la que están sucediendo las cosas, y así se llega a la cima: My girls es la canción por excelencia del disco. Agradable y audible pese a la vorágine de capas y la densidad a la que se nos acostumbra el oído con el paso de tan solo un par de cortes. Le sigue discreta Also Frightened, canción de transición que nos dirige al K2 del proyecto. Ante nosotros una galería de sonidos ‘de la vida real’ acompañan a decenas de samplers que se lanzan creando una alfombra para el trabajo de modelista que Ben Allen ha clavado como productor: Summertime Clothes, podría ser a partes iguales una versión de The White Stripes o de los mismísimos The Beach Boys. Entienda esto como un lujo que me concedo. Los sonidos acuáticos y la temática de sus versos giran en torno a la misión veraniega de agradecerle al sol que apriete en la sesera sin ánimo de huelga, año tras año.

Es cierto que, dentro del viaje, hay un parón; el interdisco y bajón de todo viaje. “Falta mucho”, se oye tras este gran tema, como esperando a que se repita cuanto antes. Para mi esa canción, la que parte el policarbonato de plástico (inquietante y delicioso trabajo gráfico al que me referiré luego), es Daily Routine que con unas cuantas escuchas se erige como sobresaliente. El disco se duerme con el tridente excesivamente largo, irregular y desconcertante de Bluish, Guy’s eyes, Taste, hasta que aparece la divertidísima Lion in a Coma, desenfadada y descaradamente (sinó todo el disco) dedicada a la parte más ácida de la infancia de los hijos de Panda Bear y compañía.

El relevo a Daily Routine se lo da No more runnin’, que sostiene, con la misma versatilidad con la que durante casi una hora han combinado un basto banco de sonidos (digno de ponerse a la venta para uso comercial publicitario) la elegancia a la hora de mantener los ambientes imposibles con mayor tensión si cabe que en los botones anteriores. Porque toda la ciencia de Animal Collective en este disco radica en su obsesión de crear ambientes imposibles, rurales-nocturnos y marítimos diurnos; imposibles ya que durante la mayor parte del disco se pregunta uno cómo han conseguido alzar unos edificios tan complejos, y cuesta pensar que para ello no hayan escrito un guión pormenorizado de las sensaciones que les apetecía volcar. Y entre tanto, baterías y guitarras consiguen pasar desapercibidas, haciéndote creer que han sido programadas, pero todo lo contrario. Finalmente, Brother Sport es la última canción, y, personalmente, obedece más al placer personal de sus compositores, ya que aún siendo la más libre, es la única capaz de despegarse de ese aura de audibilidad y ambientes empáticos con el que el disco nos ha manejado en posiciones relajadas.

* Tresillo y coda:

1.-Las primeras veces siempre duelen. Si es tu primera vez con Animal Collective mi recomendación es que empieces con su anterior disco, Strawberry Jams (Domino’07). Más accesible, igual de atrevido y caldo de cultivo que permea una evolución tan cósmica como la de MPP. Para mí, a día de hoy, aún superior.
2.-El viaje extra es el vídeo de su single, My girls, que también puedes ver al entrar en su web:
http://www.myanimalhome.net/
http://www.youtube.com/watch?v=zol2MJf6XNE
3.-El 31 de mayo actuarán en Barcelona, en el marco de uno de los festivales más atractivos de esta temporada: Sónar 2009.

* Coda:

No podía despedirme sin hacer referencia a la portada del disco, basada en los trabajos de ilusiones ópticas creados por el psicólogo japones Akiyoshi Kitaoka. Merriweather Post Pavilion trata con éxito físico trasladar este tipo de sensaciones a través de la música. Cuando la música atraviesa la cultura, la forma en que vivimos, se convierte en un lenguaje que pasa a formar parte de nosotros mismos, más allá de la funcionalidad que supone adquirir entretenimientos.
Merriweather Post Pavilion… ¿La vanguardia es fútil? Ni idea. Lo innegable es que ya nos ha pasado por encima la pretenciosa vocación de revisitar Woodstock, que es de aúpa. Ser verde, seas madre embarazada, empresa en suspensión de pagos, anoréxico o refugiada política, está de moda. ¡Y menos mal! Ser hippie ha pasado a ser políticamente correcto, correctamente integrado en las colecciones de Zara o H&M, aunque las hebras de sus bombachos sean artificiales al 100%. Los viejos nuevos tiempos surfean una ola de ingenua psicodelia de la cual Vampire Weekend y MGMT son escaparate, pero con Merriweather Post Pavilion Animal Collective se ha convertido en su vanguardia.


Publicado en Levante Digital, Blue Music:
http://blogs.levante-emv.com/blue-music/2009/04/28/las-vanguardias-decodifican-el-movimiento-hippie/