Sounds of the Universe, el último disco de Depeche Mode, confirma que el tríbrido sigue sin funcionar desde hace más de una década al mismo nivel
Eugenio Sendarrubias. Duodécima entrega de una de las bandas más internacionales de la historia del Rock. Y a estos miles de pies sobre la tierra, como les sucediera a U2 titulando su último y apabullante No line in the horizon, Depeche Mode se han autoproclamado decodificadores para la basura espacial que atormenta nuestras listas de éxito: Sounds of the Universe (Mute’09), un disco escéptico de sus dos predecesores, ácido, ecléctico y a niveles de producción difícilmente asumibles para discográficas por debajo de la talla multinacional.
Presupuestos privilegiados para explotar las horas de estudio junto a Ben Hillie (que ya produjo su anterior álbum Playing the Angel, Mute’05) que han sido fielmente filmadas y explotadas en el los extras de los que más tarde hablaremos. Tras las verosímiles piezas compuestas por Martin Gore y Dave Gahan (voz y guitarra sobre el escenario), la presencia de Andrew Fletcher en algunas de las creaciones da pie a que termine por aplaudir cada vez que le dejan a este último meter mano en los discos, siempre y cuando Gore convence a Gahan de que su concepción del sonido industrial se pasó de rosca hace casi veinte años y él mismo está inspirado. Lucha de gigantes por los derechos de autor, número de composiciones y este tipo de morcilleo que se da en los discos que venden cantidades astronómicas en la era de laMula.
Eso sí, sin decepción con la totalidad de sus letras. Irónicas, casi lascivas ante el establishment al que casi desde su inicio han pertenecido: el de grupo de masas, resuelven su identidad apátrida como músicos y testigos de un mundo. De esta misma idea ya vino el título de uno de sus mejores álbumes, ‘Music for the masses’ (Mute’87), en el actual meridiano de su carrera. Y en Sounds of the Universe Gore da rienda suelta a su particular visión del mundo, y se desprende en pocos versos lo bien que se lo debe pasar uno siendo una estrella del rock a cierto nivel.
* Los 13 temas han sido registrados entre Santa Bárbara y Nueva York, y se prestan al siguiente menudeo:
1-“In chains”, es una excelente opción para arrancar. Cuando te lo has zampadao miras su minutaje y no te lo puedes creer. Unos pocos samplers en su lugar y sintetizadores analógicos creando atmósferas propias de generaciones posteriores a las que se empeñan en pertenecer.
2-“Hole to Feed”, de lo peorcito del disco. Oscuro, inconcluso y de estructura fangosa, que no por ello interesante. Más oscuro que una cara-B de Rammstein.
3-“Wrong”, que tiene tanta miga como aparenta. Los mejores sonidos de los diferentes teclados van a parar a este tema. Cuando escuchas el disco por décima vez comprendes porqué ha sido elegido como single. Cada vez que Gore dice “wrong” tú piensas “reach out and touch faith”, pero no, no suena “Personal Jesus”.
4-“Fragile Tension”, un tema de lo más accesible a los oídos ajenos a la banda de Basildon. Me perturban las engoladas que usa Gore en este tema. Si alguien cerrando los ojos ve tal y como yo veo a Enrique Iglesias dándolo todo, que me avise. De lo contrario voy a empezar a terminar con tanta eclecticidad en mis orejas.
5-“Little soul”, pequeña e íntima se agazapa en las líneas de melodía que con Gore siempre rozan las leyes del “menos es más”. Trabajo increíble de mezcla. Es una perlita ajena al resto del disco, pero desde luego a años luz de la carrera del grupo. Fácil.
6-Escucho “In sympathy” y pienso si no podrían haberla creado los Matmos de los mejores tiempos… Genial, espectacular. A esta altura del disco empiezas a sospechar que este va a ser otra vez (como los anteriores) un disco de buenas canciones, todas ellas sin alma de ‘hit’. Es verosímil con gran parte de su carrera, y eso me importa. Lo digo porque a ellos parece que a menudo no les preocupa lo más mínimo. Mi preferida, y puede que la mejor del álbum.
7-¿Quién ha invitado a Jean Michael Jarre a la fiesta? Desde luego ha sido Andy Fletcher, y tengo debilidad por él, por su respeto a las melodías, por dejar que fluyan las frases, que respiren… y por sus puentes de entrada y salida que replantean los estribillos. Cuesta pensar cómo asume la obsesiva oscuridad Dave Gahan. “Peace” está un peldaño por debajo de los mejores, eso también es verdad.
8-“Come back” es el tema mediocre que te permite apreciar el basto trabajo de producción y la selección casi infinita de sintetizadores analógicos que hay detrás de este disco. ¿Qué colección de sintetizadores deben tener entre todos? Es conocida la de Martin Gore, y en el disco debe andar la mitad de todos esos potenciómetros.
9-“Spacewalker” es, como “Little Soul”, una canción sencilla capaz de abarcar un concepto y resolverlo por completo. Instrumental y sinuoso ha conseguido que todos se hayan puesto de acuerdo y se haya respetado el ambiente ingenuo y espacial con el que debió nacer la canción.
10 y 11-“Pefect” y “Miles away/ The truth is” o ese par de canciones que hubieran hecho al disco mucho mejor de no haber aparecido en el.
12:-“Jezebel” recupera un buen nivel.
Las baterías, a lo largo del álbum, apenas hacen acto de presencia y se echan de menos en las bases rítmicas las texturas y personalidad de la que no carecieron antaño. Ahora la cosa viene sustituyendo algunos golpes de bombo y caja por sonidos
huecos que apenas molestan a la interacción por la cual las melodías se mezclan con capas de sintetizadores. “Jezebel” posiblemente es la más rara tiene un encanto superior a las mediocres “Hole to Feed”, “Pefect”, “Miles away/ The truth is” y “Come back”. Lo raro es que esta la podría cantar U2 en Joshua Tree o el Bowie de los 90.
13.-Es difícil imaginar que con tanto tema mediocre, más una gran parte a medio camino entre el sí y el no, para cuando llegues a “Corrupt” estés deseando rescatar alguna de las mejores canciones del disco. Es decir, que ya has corrido varias veces sobre tus pasos. Quizá por eso “Corrupt” se venga a menos, pero pese al esfuerzo de Ben Hillie por sacar con su dedicado trabajo lo mejor de algunos temas como este, al final la canción tampoco viene a aportar mucho.
* Tresillo y coda:
1.-Marketing viral: Cuesta imaginar a otro grupo con mayor potencial en cuanto a marketing para la red. En España han desvelado una de las mitades del disco a través de la web de Radio Nacional de España, con su correspondiente promo. Y, en plan extra, ¡vaya web! Barbaridades.
2.-Edición especial: bastarda explosión de extras en un cuádruple box-set con 3CD’s, que incluyen el disco, temas extra y remezclas, maquetas inéditas (de discos como Violator, Songs of faith and devotion y Sounds of the unvierse) respectivamente, y un DVD con tres películas filmadas durante la grabación de Sounds of the Universe (especialmente interesantes para productores musicales o técnicos de estudio – vouyerismo industrial). Además del video promocional de ‘Wrong’. Súmenle fotos de la grabación, un póster, cinco postales, un certificado de autenticidad (el precio del paquete bien lo merece) y dos insignias esmaltadas que dan cierto toque cutre-sajón a este paquete espectacular.
3.-Trabajo gráfico: Anton Corbijn. En mi opinión sublime, y en cadena ascendente en los troquelados y diversificaciones de trabajo total de arte para completar el pack del disco, menús del DVD, promociones audiovisuales y los etcétera consecuentes del proyecto. Increíble. Otra liga, de verdad.
* Coda:
¿Por qué acepta el viejo que ha envejecido? Se hace huraño y, como calla lo que piensa, cada vez tiene peores ideas. Pero no es capaz de abandonar a sus fantasmas, y la mujer le carga, no se cicla, ni se airea. Y así se va consumiendo, en un espacio vital cada vez más angosto. Al final el único que respira dentro de Depeche Mode es Andy Flecher, por su inagotable fuente de colaboraciones, producciones y proyectos paralelos. Pero los otros dos tratan de acompasarse por los siglos de los siglos, y al final, por desgracia, los discos terminan siendo híbridos de dos mentes que tienen mucho que dar. Mi hipótesis es que Martin Gore en solitario, o sin Gahan, podría tener mucho mayor recorrido que el de los últimos tres discos. Está claro que a uno no le ha de apetecer el zumo de tomate toda la vida, pero Depeche Mode desde que arrancásemos la década ha decidido permanecer creando a buen ritmo a cambio de una sumisión a su edad que, ciertamente, no tendrían por qué tomarse tan en serio. No me puedo creer que ya no quieran componer canciones capaces de transgredir la identidad de su pasado. Hay guiños a lo mejor de la electrónica actual, y todo esto está muy bien, pero yo sólo me pregunto: ¿quién les ha convencido para que hayan dejado de hacernos bailar?
Publicado en Levante Digital, Blue Music (03/05/09) http://blogs.levante-emv.com/blue-music/2009/05/03/lucha-de-gigantes/
Merriweather Post Pavilion, es el último disco de Animal Collective, publicado en enero de 2009. Nos ha costado casi cuatro meses digerirlo. Eugenio Sendarrubias. Durante los siglos VII y VI, antes de la experiencia reveladora, escribieron Zósimo y Heródoto, que el opio pululó por las ciudades - tanto en China como en Europa - levantando un auténtico polvorín de contrabando. Poco siglos más tarde, el arbusto de la coca sometió a las sociedades andinas y, con cierta sincronía historiográfica, el betel dio su latigazo sobre la población india. En la época que nos ha tocado vivir es muy sencillo conseguir sustancias derivadas de las que acabo de citar, en dosis más o menos salubres, de forma ilegal y, por tanto, mezcladas con harina de centeno, bicarbonato o tabasco, por desgracia. Pero con el uso de los días también hemos aprendido a meternos otro tipo de viajes. Entienda, pues, que Merriweather Post Pavilion (MPP), es un viaje de ilusiones ópticas, ambientes que transportan a parajes acogedores, cósmicos y cuatridimensionales –sin explicación-, patrocinado por Animal Collective. No obstante, como cualquier otra fiesta de tanta etiqueta, el acceso está restringido a un público sin prejuicios.
Animal Collective no es un grupo de rock. Es una panda de freaks que conforman un colectivo. Entienda por freaks en este caso concreto a personas que han potenciado su extraordinario talento musical, y entienda por colectivo que, por ejemplo, para grabar este disco uno de sus cuatro miembros se ha tomado unas vacaciones. Son de Baltimore, Maryland (EEUU), la ciudad que desmenuzaron magistralmente los guionistas de la serie de ficción The Wire, en HBO, o que John Waters (Pink Flamingos, Polyester) usó como plató para la mayor parte de su filmografía. Ellos se evaden de ambos referentes audiovisuales, y sus letras apuestan por la evasión de la realidad a través de la suma de capas y más capas, de una sabia elección de sintetizadores. A ello se suman las horas grabando el piar de las aves en mitad del picnic, de los clubes sociales en verano cuando los niños quieren bañarse a la hora de la siesta, pero nunca utilizados de forma que podamos recrear un ambiente conocido; cotidianito; familiar.
Ni siquiera ellos mismos se muestran de forma real ante su público. A menudo disfrazados, son conocidos con los motes de Panda Bear, Avey Tare, Deakin y Geologist. Su líder, Panda Bear (sonrisa) vive en Lisboa (genial). Una de las experiencias de las que más han hablado en las entrevistas concedidas a lo largo de la promoción de su nuevo trabajo es, precisamente, la posibilidad total que ofrecen los actuales medios tecnológicos para componer a distancia. Si a principios de década The Postal Service compuso un disco tan redondo como Give up a través del correo electrónico, Animal Collective profesan su amor por el trabajo compositivo a través de multiconferencia. Claro que, trabajar directamente on-line tiene ciertos riesgos; en su caso el disco se filtró en la Red días antes de ponerse a la venta.
Merriweather Post Pavilion, once baldosas retroiluminadas
In the flowers responde a esa marcada tradición de usar uno de los temas que, seguramente no habiendo nacido con este propósito, parece dar la bienvenida entre pentagramas al viaje. El volumen de pistas con que trabajan a lo largo del disco supera de lejos el número de palabras que se me han permitido usar para hablar del resto del disco. De puntillas se elevan melodías que, (siendo el núcleo duro de todo el álbum) sobre una base orgánica, son el hilo conductor de los diferentes espacios que se proponen. Este primero puede que sea uno de los tres mejores ‘salones’ al que accedemos. La nave nodriza despega, pero, con cierta sensación de éxtasis por la velocidad con la que están sucediendo las cosas, y así se llega a la cima: My girls es la canción por excelencia del disco. Agradable y audible pese a la vorágine de capas y la densidad a la que se nos acostumbra el oído con el paso de tan solo un par de cortes. Le sigue discreta Also Frightened, canción de transición que nos dirige al K2 del proyecto. Ante nosotros una galería de sonidos ‘de la vida real’ acompañan a decenas de samplers que se lanzan creando una alfombra para el trabajo de modelista que Ben Allen ha clavado como productor: Summertime Clothes, podría ser a partes iguales una versión de The White Stripes o de los mismísimos The Beach Boys. Entienda esto como un lujo que me concedo. Los sonidos acuáticos y la temática de sus versos giran en torno a la misión veraniega de agradecerle al sol que apriete en la sesera sin ánimo de huelga, año tras año.
Es cierto que, dentro del viaje, hay un parón; el interdisco y bajón de todo viaje. “Falta mucho”, se oye tras este gran tema, como esperando a que se repita cuanto antes. Para mi esa canción, la que parte el policarbonato de plástico (inquietante y delicioso trabajo gráfico al que me referiré luego), es Daily Routine que con unas cuantas escuchas se erige como sobresaliente. El disco se duerme con el tridente excesivamente largo, irregular y desconcertante de Bluish, Guy’s eyes, Taste, hasta que aparece la divertidísima Lion in a Coma, desenfadada y descaradamente (sinó todo el disco) dedicada a la parte más ácida de la infancia de los hijos de Panda Bear y compañía.
El relevo a Daily Routine se lo da No more runnin’, que sostiene, con la misma versatilidad con la que durante casi una hora han combinado un basto banco de sonidos (digno de ponerse a la venta para uso comercial publicitario) la elegancia a la hora de mantener los ambientes imposibles con mayor tensión si cabe que en los botones anteriores. Porque toda la ciencia de Animal Collective en este disco radica en su obsesión de crear ambientes imposibles, rurales-nocturnos y marítimos diurnos; imposibles ya que durante la mayor parte del disco se pregunta uno cómo han conseguido alzar unos edificios tan complejos, y cuesta pensar que para ello no hayan escrito un guión pormenorizado de las sensaciones que les apetecía volcar. Y entre tanto, baterías y guitarras consiguen pasar desapercibidas, haciéndote creer que han sido programadas, pero todo lo contrario. Finalmente, Brother Sport es la última canción, y, personalmente, obedece más al placer personal de sus compositores, ya que aún siendo la más libre, es la única capaz de despegarse de ese aura de audibilidad y ambientes empáticos con el que el disco nos ha manejado en posiciones relajadas.
* Tresillo y coda:
1.-Las primeras veces siempre duelen. Si es tu primera vez con Animal Collective mi recomendación es que empieces con su anterior disco, Strawberry Jams (Domino’07). Más accesible, igual de atrevido y caldo de cultivo que permea una evolución tan cósmica como la de MPP. Para mí, a día de hoy, aún superior. 2.-El viaje extra es el vídeo de su single, My girls, que también puedes ver al entrar en su web: http://www.myanimalhome.net/ http://www.youtube.com/watch?v=zol2MJf6XNE 3.-El 31 de mayo actuarán en Barcelona, en el marco de uno de los festivales más atractivos de esta temporada: Sónar 2009.
* Coda:
No podía despedirme sin hacer referencia a la portada del disco, basada en los trabajos de ilusiones ópticas creados por el psicólogo japones Akiyoshi Kitaoka. Merriweather Post Pavilion trata con éxito físico trasladar este tipo de sensaciones a través de la música. Cuando la música atraviesa la cultura, la forma en que vivimos, se convierte en un lenguaje que pasa a formar parte de nosotros mismos, más allá de la funcionalidad que supone adquirir entretenimientos. Merriweather Post Pavilion… ¿La vanguardia es fútil? Ni idea. Lo innegable es que ya nos ha pasado por encima la pretenciosa vocación de revisitar Woodstock, que es de aúpa. Ser verde, seas madre embarazada, empresa en suspensión de pagos, anoréxico o refugiada política, está de moda. ¡Y menos mal! Ser hippie ha pasado a ser políticamente correcto, correctamente integrado en las colecciones de Zara o H&M, aunque las hebras de sus bombachos sean artificiales al 100%. Los viejos nuevos tiempos surfean una ola de ingenua psicodelia de la cual Vampire Weekend y MGMT son escaparate, pero con Merriweather Post Pavilion Animal Collective se ha convertido en su vanguardia.
Publicado en Levante Digital, Blue Music: http://blogs.levante-emv.com/blue-music/2009/04/28/las-vanguardias-decodifican-el-movimiento-hippie/
No es que lleve mucho tiempo sin escribir, es que llevo mucho tiempo sin motivos para publicar por estos medios. El siguiente es el más bajo de todos los que me han picado durante estos meses, no por ella, pero qué más da, adelante.
El barrio del Carmen o Socusa de Alaquàs es uno de los más humildes del pueblo. Casas bajas y una infinidad de pequeños comercios salpicando una de las zonas más diferenciales del lugar. La mayoría de estas tiendas no tuvieron licencia de apertura hasta finales de los 80, las calles eran bulliciosas y la relación entre los trabajadores y el climax del particular baby boom de este superpoblado municipio de l’Horta lo hacían de algún modo un enclave particular y entrañable dentro de la población. Pero la feliz década de los ochenta también contuvo entre las calles del mencionado barrio los más altos índices de desigualdad económica, también de humildad y sencillez, y, además, el amanecer a las drogas y sus implícitos conflictos para una generación paralela a la de Clay, con el mismo vacío existencial de los protagonistas de Funny Games, sin nada que perder, aunque en mitad de un perímetro endogámico. La vida en la calle es muy atractiva literariamente cuando escasean los recursos económicos y se crean las primeras diferencias de ‘clase’ entre unos vecinos y otros, lo reconozco. Durante esta década algunos alcanzaron un grado de riqueza más que considerable por muy distintos medios, mientras otros permanecían en el mismo estatus. En sus calles aparecieron los Toyota Célica o los Mercedes 300, pero, como una lacra de lo más estética, los 127 y los 850 seguían ocupando muchas de las plazas del parking público. Con las ventanillas bajadas, según me cuenta mi amigo Luis, sonaban de unos y otros, los viernes noche Mecano, Camarón, Triana y The Cure. La cultura musical es algo que sostuvimos con dignidad en otra época y perdimos con la llegada del siglo XXI. Trato de descargar responsabilidad al marketing al pensar en ello, y mientras recuerdo perfectamente esas casas con escaleras angostas, terrazas abiertas y ventanas pequeñas que parecen todavía esconder con sus rejas de yeso la sencillez con la que, en otro tiempo, se había desarrollado el barrio, como con respeto por el origen humilde del mismo. Por fuera ese blanco que sólo se consigue en las fachadas pintando con cal viva y que tanto refresco ofrece en las horas de sombra de los muchos veranos que he tenido la suerte de pasar allí.
Y tras esa uniformidad nívea del barrio adivino las sustanciales diferencias que se esconden tras las puertas de la madera capaz de aguantar el envite del sol durante más de cuarenta años. Voy puerta por puerta hasta adentrarme en la primera de las joyerías de la familia de mi amigo Luis, que lleva allí abierta, como un despacho en una casa baja, más años de los que tiene él. Justo enfrente rememoro algunas meriendas en casa de la abuela, ahora minusválida y no sé si ya fallecida, de mi compañero del cole Víctor, con el queme unió una amistad que a pocos he sabido dar y no olvido. Otro amigo tiene una panadería y otro un despacho de pan. Otro tiene la casa junto al bar de su padre, que, sin ser de mi familia, fue el primer hombre que conocí con el mismo nombre que yo, y que ahora no sé si le vi más veces en el bar o en la casa, pero las sensaciones siempre eran familiares, cercanas, parecidas en todos los casos que os acabo de mencionar. Y entre estas 6 calles, de vez en cuando, casi como un espectro y rodeada de una banda parecida a la portada del Strange days, que por aquel entonces me aguardaba en alguna carpeta compartida del emule, posiblemente en Rhode Island, aparecía Amparito.
A Amparito, o ‘la Amparito’, la recuerdo muy, muy delgada; esquelética toda la vida. Vestida con las ropas que nunca se hubieran puesto las muchas mujeres que cuando vuelva a Alaquàs le van a parar en la calle a cotillear para comentarlo en el repugnante café del sábado, caminaba de una forma tan peculiar que no dista mucho de los modos en los que la he visto desfilar en el programa de Cuatro. Por imitación, las mencionadas mujeres de la foto y el autógrafo que acabo de incrustar en la escena caminaban de forma muy extraña al verla; digamos corriendo, o huyendo, según las farolas que aún lucieran en la estrecha calle. La recuerdo fumando mucho antes de pesar más de treinta kilos, pidiendo pitillos más bien. Recuerdo verla en la calle siempre, incluso cuando volvía con mis padres muy tarde de alguna cena de empresa, por la noche, cualquier día, en la calle, siempre en la calle y nunca sola, aunque me imagino también algunos momentos de terrible soledad; de la otra soledad, de esa a la que algunos compañeros de crucero parecen desearle, one more time para ella, que está demostrando saber mucho acerca del rechazo con su entereza 0% fingida, 100% Amparito.
La familia (cuando me refería a la bajeza de este post era porque en vez de centrarme en quién debería ser la protagonista de todo comentario voy a entrar en la familia y alrededores, levemente, de puntillas y con ternura, pero reconociendo el hecho morboso e innecesario -totalmente innecesario- del periodismo que tanto critico y al que he de empezar a dedicarme cuanto antes) de Amparito no representa ni de cerca a las familias del barrio del Carmen; la suya es una familia particular, hasta donde yo sé, y por eso tengo cierto respeto para atreverme a hablar del tema desde las fuentes del propio barrio y en este caso (sin que quisiera que sirviese de precedente) la de mi propia experiencia allí. De entre las personalidades que rodean a toda su familia la más característica es la de su padre, conocido en el pueblo como Fredy. Me horroriza pensar que Fredy pueda salir en alguna de las futuras galas de Cuatro, me pone de los nervios cada vez que lo pienso y me doy cuenta de cómo está amueblada mi cabeza para sufrir ante lo que puedan hacer con él. Fredy tiene, a simple vista, ciertas deficiencias físicas por las que seguramente venga cobrando una pensión de invalidez, que a ojo de buen cubero no debe ser inferior a la máxima que conceda el Estado. Pero esta es la cara menos afable de ese magnífico personaje que es Fredy en Alaquàs. Fredy montó con no sé qué dinero una antena desde la cual empezó a emitir TELEFREDY. La sencillez técnica del canal hacía que la televisión se extendiera en el barrio del Carmen y en unas pocas calles más allá, con un radio de acción que calculo a lo sumo de 250 metros desde el epicentro de la casa de Amaparito. En ella se podía ver toda la programación que al barrio le apeteciera. “Fredy, el partido del Madrid es a las 7, no te olvides”, “Fredy, ¿qué te pasó anoche que no pusiste la porno del plus?”, “Fredy, el jueves hacen el preestreno de Spiderman en Vía Digital” y Fredy lo ponía todo, o casi todo, bajo el consabido ‘pinchazo digital’. Las cuotas de audiencia nunca se pudieron calcular, pero a una generación como la mía nos ofreció la primera y atrevida mirada sobre el sexo en interminables noches de conexión a canales con los dos rombos o el ‘+18’ en la esquina superior derecha de la pantalla. Me alegra permanecer en deuda de cualquier tipo con él. Ahora no sé si este texto contrae nuevas deudas o es parte de su cancelación.
Pero Fredy era mucho más. Filmaba cualquier acto social y cultural de la villa y lo emitía sin tecear, en plan dogma, siempre en TELEFREDY. Y sí, yo también le tiré algún cubo de agua en la “fiesta del agua” mientras sostenía su handycam, y bien que se enfadaba, encima de que el buen hombre lo grababa todo… También permanecen en mi algunas anécdotas personales de cuando colaboraba en Radio Alaquàs, pero por ser las únicas personales me las guardo para no sentirme del todo mal cuando relea esto, ya publicado. Sin embargo, hay una fotografía común en todas las cabecitas de mi generación y del resto del pueblo, la de Fredy en la piscina municipal durante los veranos, a veces junto al puesto de Radio Alaquàs, otras luciendo tipo en el borde de la piscina junto a Amparito, otras charlando con esa paz con la que a veces se dirige a cámara María Amparo García, anulando mágicamente ese manojo de nervios que ambos tienen en común.
Por eso me encantaría gritar con palabras escritas de felicidad tras encontrar a alguien tan espontáneo en la televisón que veo, por supuesto. También me encantaría abofetear con palabras escritas a todos aquellos que se aprovechan de su ingenuidad, de su mundo imaginario, tan ingenuo, para practicar la risa bobalicona y la estúpida pose de apoyo al freak que está tan de moda, o en el peor de los casos el estrago profesional. Ya la veo firmando autógrafos y no sé si ha practicado mucho su firma, síntoma saludable e inequívoco de haber perdido mucho el tiempo en la vida, no como otros que la tienen tan redonda y estilizada y saben tanto de números y leyes. Entonces, ¿seremos capaces de separar su pasado de sí misma? Lo difícil será hacerlo si lo contamos con pelos y señales.
La cosa y la causa de María Amparo García puede degenerar de la siguiente forma:
Uno- Reportajes periodísticos, ceñidos a la ética, destacan que “es aficionada a la música, al cine, a los viodeojuegos y a los cómics manga”.
Dos- En el siguiente blog se le apoya desde Alaquàs, pero se termina hablando más de su padre en los posts, al que podemos ver jaleado con ese ácido aroma de exaltación del freak.
Tres- En el peor de los casos los comentarios de la calle, infundados a menudo, a menudo leyendas de todo tipo, fomentados por el traquetear de los días calcados y su aburrimiento, saltan a este blog en forma de comentario inoportuno, del que ahora sólo queda el sedimento (en los comentarios) de un post en el que se insinuaba que podía haber ejercido la prostitución en algún momento de su vida:
Amparito tiene ahora 20 años, yo lo tengo en cuenta.
La descaricaturación de lo que nos rodea, o así lo veo sólo yo, ha llegado hasta un límite, pero lo vamos a rebasar todos juntos, de la mano, una vez más. Seguro que Custo Dalmau con su apoyo y promoción gratuita es capaz de enaltecer a todos estos súper valores. Yo le hacía muy lejos de todo esto. Tan lejos. Sin embargo, no tengo ánimo de enarbolar una doctrina social de ningún tipo; no es mi época, no mi camino. Hace años que esto debió desmadrarse; sí, hace tiempo. Así que, sin vuelta atrás, ¡es la hora de hacerse fotos Amparito! Que distinta saldrás a aquella otra en la que tus compañeras de clase te apartaban del encuadre si te colabas en la celebración de su cumpleaños en mitad del parque con la misma espontaneidad con la que apareces ahora vestida con la ropa que nunca viste por las calles de tu barrio, sólo a través de la televisión, de la cual eres ahora una protagonista efímera, y me gusta imaginar lo feliz que todo esto te puede estar haciendo, pero el abismo con el que flirteas no es un imaginar tan agradable para mi.
Llega el triste aniversario que recupera todo lo vivido y lo deja en primer plano ante la difunta mirada del recuerdo. Recuerdo las familias de sin papeles llegando a IFEMA en busca de la adolescente a la que enviaban en un moderno tren a estudiar. Recuerdo que un taxista les llevó hasta allí gratis, según contaban los medios. Recuerdo los colchones volar desde los balcones hasta la calle para hacer de mullidas camillas entre el tráfico que para aquel entonces ya se había mimetizado con el mobiliario urbano. Recuerdo a una pareja, seguramente padres de alguna víctima, engarrotados entre sí al suelo, incapaces de andar hacia ningún sitio por no tener verdaderamente nada más que hacer o que decir en sus días. Y lo recuerdo desde la distancia temporal y espacial, desde el exceso de cráteres en la pantalla del televisor, desde los constantes silencios entre los contertulios en las emisoras de radio, desde los crespones negros colgados a baja resolución en el encabezado de cada web, de cada blog. Lo recuerdo con los comercios cerrados, con mi padre en las manifestaciones, con la ilusión de no haber sido más que la voz eventual de otros y un episodio de reflexión para mi que sólo revivo cada 11 de marzo.
Desde el recuerdo imagino. Quiero decir que construyo con sumo cariño sus vidas. Cuatro años de vacío entre las habitaciones y el pasillo, de puertas que no se abren para nada y nunca, de gente que no deshace la cama, y el polvo, entretanto, devora las persianas hasta la oscuridad; cuatro años de planes que no llegan, de agencias de viajes que esperan, de conciertos que no importa que se cancelen, de enfermedades venéreas que no inquietan, de dietas que no se cumplen, de otros entierros, de un juicio recurrido; cuatro años sin problemas de infertilidad o estreñimiento, sin celebrar la eucaristía, sin incinerar al animal de compañía. Y no importan los dos litros de agua al día, y la industria cosmética se resiente y los abrigos pesan tanto que las perchas se doblan hasta parecer derretirse ante el paso de los días. Días que amanecen obesos de horas, con un exceso porcentual cercano a los 50 puntos, en los momentos que los presentes respiran de forma involuntaria.
Ya está aquí la exclusión positiva de las minorías políticas. De positiva tiene la formalidad de la frase. De facto tiene el aumento de representación en escaños/poder ejecutivo de los dos polos de la opción pública. En estas sociedades de afiliados y afines se han conglutinado para la ocasión un montón de millones de participativos ciudadanos que han querido así germinar con su voto los frutos secos de lo conocido.
Antaño reyes y clero secular, nobles y burgueses, conservadores y liberales; a 9 de marzo de 2008, Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español. La época de las revoluciones obreras parece tan lejana que es casi irremediable disfrutar del famoso bienestar al que se nos ha acostumbrado. Las luchas son otras: hipotecas, seguridad, ocio, salud pública, un control laxo por el IPC y luego, después, ya más tarde, la educación de la especie; la esclavitud: la perdida de sensibilidad ante los problemas de quienes no han alcanzado nuestro bienestar. No dudo que sea lo indebido, lo que me pregunto es si el ciudadano es más ciudadano al asumir un compromiso con los derechos y oportunidades de los otros, con coherencia en su papel como juez y parte de esta empresa común en la que todos contamos. Me gustaría pensar que sí.
Bipartidismo, digo. Después de todo, que no son más que unos 30 años de vocerío y paz, va a resultar que la transición y su carta magnificada tuvo graves lagunas en su redacción, y nadie les culpa, y no sé por qué. No sé qué pensar acerca de la intencionalidad de estos hoyos en el texto. Sin embargo, no creo que haya marcha atrás. Por mi parte he empezado a estudiar esta misma noche cómo tratan las sociedades bipartidistas a las minorías en el siglo XXI. Chile, Estados Unidos, Indonesia o Reino Unido (a medias, como nosotros) Será cuestión de reivindicar otras cosas. Para los que quedan por debajo de CiU, les espera la muy digna tarea de reinventarse en gabinetes de comunicación, convertirse en ONGD’s o montar barricadas en plena Gran Vía. A fin de cuentas parece claro que la vetusta idea de <> sólo beneficia a los que se arriman a alguna de esas dos capas.
Aún así, me encantaría pedir lo imposible: seamos coherentes y conscientes de nuestra decisión. Acudamos presto a la instauración de un bipartidismo oficial, si es eso lo que nos satisface. A día de hoy ya puede uno pensar que tiene cabida una idea tan cuadriculada en un país de pueblos tan distintos y complejos. O a lo mejor resulta que no somos tan distintos, y que lo único complejo entre nosotros a lo largo de la historia ha sido la orografía del territorio compartido. Adelantémonos a nuestro tiempo. Decidámoslo mediante el voto por sms. Qué sencillo es todo ante el televisor, ¿verdad que sí? ¡A disfrutarlo!
COLEGIO FEMENINO
La niña de Rajoy seguirá tirándole de las coletas a la de Zapatero, hasta sangrar al menos, instigada por las de su cuadrilla, mientras ésta merodeara bajo las moreras a sabiendas de que para ser socialista, obrera y española, todo de una, se debe seguir la estricta disciplina de lo políticamente correcto, siempre, sin ambición, nunca. Además, la de Zapatero y Chacón será, seguramente, pañuelo de la niña de Llamazares, que será padre biológico, y desde su familia adoptiva, monoparental y homosexual, podrá comprobar, presumiblemente sin ser escupida, como sus intentos por reformar el valor del voto en el País llegan demasiado, demasiado, muy tarde. Su prima catalana, la de CiU, reconocerá su poderío ante la compañera izquierdista y republicana, que será reprimida con incalculables consecuencias por sus padres al llegar a casa con unas notas paupérrimas. A destacar queda la nueva de la clase: la niña de Rosa Díez, que mostrará sus dotes en clase, y me imagino que será entonces cuando saltará por los aires el polvorín de ideas a años luz que se ha aglutinado en su casa para sacar a la primogénita adelante, pues lo común les ha hecho fuertes, pero los matices dispares como Plutón y Mercurio les condenarán al ostracismo cameral.
SENADO
Por cierto, la papeleta color salmón la ha ganado el PP con un senador más que en 2004 (102), mientras que el perdedor también se ha sumado 8 senadores más (89) En la tele no se han molestado mucho, y si ellos no se molestan a usted poco le importa, ¿verdad que no? ¡A disfrutarlo también!
Me queda decir que la derrota es muy sana en democracia, como la autocrítica que distingue a Europa del resto del mundo. Reestablecerse, airearse y salir a la calle con la humildad de poder empezar de cero pese a los errores. No existe la victoria sin derrotados. Lo que empieza mañana huele a 4 años más de lo mismo: un Zapatero previsible y un Rajoy apocado, un Gobierno de bulas sociales centroizquierdistas y una oposición de gesto agresivo y preocupantes complejos de inferioridad. Para entonces nos habremos exiliado a la Luna de tanto aburrimiento en el flujo de ideas. Vía satélite observaremos que decide la audiencia, en cualquiera de los dos casos.
Me hace gracia pararme a interpelar a nadie con el tema por la calle, pero ¿no ha sido Eurovisión siempre un concurso de y para frikis?
Marija Šerifović. ¿Qué?, ¿cómo se quedan? Pues es la ganadora del año pasado en Eurovisión. ¿A qué nivel les ha influido en sus vidas? ¿Siguen su dieta? ¿La han visto sacar sus trapos sucios en el ‘Hola’ o sus lolas en la portada de ‘Interviu’? Seguramente su nieta se haya hecho el mismo corte de pelo, ¿usted qué cree? Seguramente no.
Quizá hubo una época dorada para Eurovisión. Por aquel entonces Augusto Algueró, Rafael Ibarbia o Juan Carlos Calderón dirigían la orquesta que interpretaba En Directo la música de canciones atemporales tales como “Yo soy aquel”, “La, la, la” o “Vivo cantando” Fue en aquellos primeros años de acercamiento entre las tierras europeas, con restos de sangre en todas las embajadas, cuando, entre tanto producto sajón, nos colamos unas cuantas veces entre los intereses melódicos del continente con un desparpajo emocional de lo más entrañable.
Sin embargo, a partir de los 80 la historia de Eurovisión fue para España y para el resto de participantes un sinsentido y un sinsentir que ya se viene aletargando en una agonía de despropósitos que nadie atiende a parar desde entonces. Ramón, Son de sol o D’Nash son algunos de los representantes de ésta década, todos ellos de presente influencia en las escuelas privadas de artes plásticas más caras de Barcelona.
Será que la UE no quiere que esta visible muestra de indiferencia entre los Estados sea un reflejo de la muy impersonal lacra de la globalización. Deberían animarse a crear nuevos foros de encuentro, presumiblemente ajenos a todo aquello que se refiera a las artes que homogenizan los rasgos distintos a más no poder.
Nosotros no tenemos de qué quejarnos. Por primera vez somos capaces de reírnos de nosotros mismos y por ello deberíamos estar, más que contentos, tranquilos con el resultado. Ya nos hemos reído muchas veces de nuestras vergüenzas con Berlanga y siempre ha sido un nexo para las diferentes formas de entender la identidad común. Nos sanea, nos aporta. Lo que me preocupa es que alguien no lo entienda así y vea en Rodolfo algo distinto a una parodia nacional. Sería peligroso.
A José Luis y Mariano la posibilidad de gobernar en minoría no se les ha pasado por la cabeza, pero para eso estamos nosotros y ya van siendo fechas. Resulta que podría haber un empate técnico. Resulta que hay un voto vago mayoritario en el centro. Resulta que los votantes del PP y el PSOE van a misa los domingos, los primeros son menos de tomarse la caña correspondiente y con total seguridad, por Tradición, se pasarán por su colegio electoral, los segundos no saben si dejar las bravas para media tarde. El resto de opciones políticas ni se contemplan en los artículos de opinión y no quiero cortarme las alas en mi futuro profesional con el qué dirán. Y si, ahora en el PSOE está de moda sacar el trapo íntimo de la creencia religiosa por imitación a Moratinos, Solbes, Bono, de la Vega, López Aguilar… hale pues.
Ante tamaña situación el refranero español siempre me da esa extraña respuesta que me hace confiar en el tanto como desprestigiarlo por tradicionalista. Hay casos y casos. En política, se dice que un Gobierno gana o pierde las elecciones, y que no es la oposición la que le arrebata el trono al poder. En política, se dice que en elecciones todo vale: las campañas de marketing viral, la donación de sangre fiscal, las entrevistas pactadas y, sobre todo, la estrella de todas las convicciones y las buenas intenciones: la mentira.
Los asesores de imagen y coordinadores de campaña se despiertan estos días con un brillo particular en los ojos. Buscan nuestras inquietudes solidarias, el borreguismo que profesamos y lo solapan inyectando en nuestras grietas ideológicas ideas abrasivas acerca de “lo que nos conviene”. Buscan su nicho de mercado. Así pues, un martes nos puede convenir copular sin precauciones y conseguir cuantos ‘cheques bebe’ nos sean posibles, y por la tarde examinar a un negro acerca del quinto y tapa o el catecismo básico. Un viernes, por ejemplo, nos conviene firmar un contrato precario (denigrante, de inmigrante) y reclamar el formulario de acceso a las ayudas por alquiler, y por la tarde someternos a la lectura dramática de la lista compra con una inflación del 4,5%.
Claro, y con el panorama tan goyesco pues… España se hace un lio, no sabe si si o si no, y termina votando al partido del Cannabis, a Eva Hache o a UPyD, por nombrar alguna incongruencia, cosa admirable por su parte. Lo que los assistant managers de José Luis y Mariano no se han parado a sopesar es si el voto indeciso se crea, y existen algunos indicios de peso, parece ser. Así que el voto que termina siendo decisivo, el que ellos mismos intentan atraer, es el de toda esa gente que opta por no optar, esperando la oportunidad para objetar oficialmente del tema. Y ellos intentan seguir atrayendo, y los españoles indecisos huyendo, y cada uno estira y al final… ¿se habrán planteado gobernar en minoría?
En próximas entradas
Pacto Nacional, o las diferencias entre Alemania y España en materia democrática.
Las monjas de mi Universidad llevan un curioso velo azul marino. No sé si Rajoy se lo quitará.