Llega el triste aniversario que recupera todo lo vivido y lo deja en primer plano ante la difunta mirada del recuerdo. Recuerdo las familias de sin papeles llegando a IFEMA en busca de la adolescente a la que enviaban en un moderno tren a estudiar. Recuerdo que un taxista les llevó hasta allí gratis, según contaban los medios. Recuerdo los colchones volar desde los balcones hasta la calle para hacer de mullidas camillas entre el tráfico que para aquel entonces ya se había mimetizado con el mobiliario urbano. Recuerdo a una pareja, seguramente padres de alguna víctima, engarrotados entre sí al suelo, incapaces de andar hacia ningún sitio por no tener verdaderamente nada más que hacer o que decir en sus días. Y lo recuerdo desde la distancia temporal y espacial, desde el exceso de cráteres en la pantalla del televisor, desde los constantes silencios entre los contertulios en las emisoras de radio, desde los crespones negros colgados a baja resolución en el encabezado de cada web, de cada blog. Lo recuerdo con los comercios cerrados, con mi padre en las manifestaciones, con la ilusión de no haber sido más que la voz eventual de otros y un episodio de reflexión para mi que sólo revivo cada 11 de marzo.
Desde el recuerdo imagino. Quiero decir que construyo con sumo cariño sus vidas. Cuatro años de vacío entre las habitaciones y el pasillo, de puertas que no se abren para nada y nunca, de gente que no deshace la cama, y el polvo, entretanto, devora las persianas hasta la oscuridad; cuatro años de planes que no llegan, de agencias de viajes que esperan, de conciertos que no importa que se cancelen, de enfermedades venéreas que no inquietan, de dietas que no se cumplen, de otros entierros, de un juicio recurrido; cuatro años sin problemas de infertilidad o estreñimiento, sin celebrar la eucaristía, sin incinerar al animal de compañía. Y no importan los dos litros de agua al día, y la industria cosmética se resiente y los abrigos pesan tanto que las perchas se doblan hasta parecer derretirse ante el paso de los días. Días que amanecen obesos de horas, con un exceso porcentual cercano a los 50 puntos, en los momentos que los presentes respiran de forma involuntaria.
Ya está aquí la exclusión positiva de las minorías políticas. De positiva tiene la formalidad de la frase. De facto tiene el aumento de representación en escaños/poder ejecutivo de los dos polos de la opción pública. En estas sociedades de afiliados y afines se han conglutinado para la ocasión un montón de millones de participativos ciudadanos que han querido así germinar con su voto los frutos secos de lo conocido.
Antaño reyes y clero secular, nobles y burgueses, conservadores y liberales; a 9 de marzo de 2008, Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español. La época de las revoluciones obreras parece tan lejana que es casi irremediable disfrutar del famoso bienestar al que se nos ha acostumbrado. Las luchas son otras: hipotecas, seguridad, ocio, salud pública, un control laxo por el IPC y luego, después, ya más tarde, la educación de la especie; la esclavitud: la perdida de sensibilidad ante los problemas de quienes no han alcanzado nuestro bienestar. No dudo que sea lo indebido, lo que me pregunto es si el ciudadano es más ciudadano al asumir un compromiso con los derechos y oportunidades de los otros, con coherencia en su papel como juez y parte de esta empresa común en la que todos contamos. Me gustaría pensar que sí.
Bipartidismo, digo. Después de todo, que no son más que unos 30 años de vocerío y paz, va a resultar que la transición y su carta magnificada tuvo graves lagunas en su redacción, y nadie les culpa, y no sé por qué. No sé qué pensar acerca de la intencionalidad de estos hoyos en el texto. Sin embargo, no creo que haya marcha atrás. Por mi parte he empezado a estudiar esta misma noche cómo tratan las sociedades bipartidistas a las minorías en el siglo XXI. Chile, Estados Unidos, Indonesia o Reino Unido (a medias, como nosotros) Será cuestión de reivindicar otras cosas. Para los que quedan por debajo de CiU, les espera la muy digna tarea de reinventarse en gabinetes de comunicación, convertirse en ONGD’s o montar barricadas en plena Gran Vía. A fin de cuentas parece claro que la vetusta idea de <> sólo beneficia a los que se arriman a alguna de esas dos capas.
Aún así, me encantaría pedir lo imposible: seamos coherentes y conscientes de nuestra decisión. Acudamos presto a la instauración de un bipartidismo oficial, si es eso lo que nos satisface. A día de hoy ya puede uno pensar que tiene cabida una idea tan cuadriculada en un país de pueblos tan distintos y complejos. O a lo mejor resulta que no somos tan distintos, y que lo único complejo entre nosotros a lo largo de la historia ha sido la orografía del territorio compartido. Adelantémonos a nuestro tiempo. Decidámoslo mediante el voto por sms. Qué sencillo es todo ante el televisor, ¿verdad que sí? ¡A disfrutarlo!
COLEGIO FEMENINO
La niña de Rajoy seguirá tirándole de las coletas a la de Zapatero, hasta sangrar al menos, instigada por las de su cuadrilla, mientras ésta merodeara bajo las moreras a sabiendas de que para ser socialista, obrera y española, todo de una, se debe seguir la estricta disciplina de lo políticamente correcto, siempre, sin ambición, nunca. Además, la de Zapatero y Chacón será, seguramente, pañuelo de la niña de Llamazares, que será padre biológico, y desde su familia adoptiva, monoparental y homosexual, podrá comprobar, presumiblemente sin ser escupida, como sus intentos por reformar el valor del voto en el País llegan demasiado, demasiado, muy tarde. Su prima catalana, la de CiU, reconocerá su poderío ante la compañera izquierdista y republicana, que será reprimida con incalculables consecuencias por sus padres al llegar a casa con unas notas paupérrimas. A destacar queda la nueva de la clase: la niña de Rosa Díez, que mostrará sus dotes en clase, y me imagino que será entonces cuando saltará por los aires el polvorín de ideas a años luz que se ha aglutinado en su casa para sacar a la primogénita adelante, pues lo común les ha hecho fuertes, pero los matices dispares como Plutón y Mercurio les condenarán al ostracismo cameral.
SENADO
Por cierto, la papeleta color salmón la ha ganado el PP con un senador más que en 2004 (102), mientras que el perdedor también se ha sumado 8 senadores más (89) En la tele no se han molestado mucho, y si ellos no se molestan a usted poco le importa, ¿verdad que no? ¡A disfrutarlo también!
Me queda decir que la derrota es muy sana en democracia, como la autocrítica que distingue a Europa del resto del mundo. Reestablecerse, airearse y salir a la calle con la humildad de poder empezar de cero pese a los errores. No existe la victoria sin derrotados. Lo que empieza mañana huele a 4 años más de lo mismo: un Zapatero previsible y un Rajoy apocado, un Gobierno de bulas sociales centroizquierdistas y una oposición de gesto agresivo y preocupantes complejos de inferioridad. Para entonces nos habremos exiliado a la Luna de tanto aburrimiento en el flujo de ideas. Vía satélite observaremos que decide la audiencia, en cualquiera de los dos casos.
Me hace gracia pararme a interpelar a nadie con el tema por la calle, pero ¿no ha sido Eurovisión siempre un concurso de y para frikis?
Marija Šerifović. ¿Qué?, ¿cómo se quedan? Pues es la ganadora del año pasado en Eurovisión. ¿A qué nivel les ha influido en sus vidas? ¿Siguen su dieta? ¿La han visto sacar sus trapos sucios en el ‘Hola’ o sus lolas en la portada de ‘Interviu’? Seguramente su nieta se haya hecho el mismo corte de pelo, ¿usted qué cree? Seguramente no.
Quizá hubo una época dorada para Eurovisión. Por aquel entonces Augusto Algueró, Rafael Ibarbia o Juan Carlos Calderón dirigían la orquesta que interpretaba En Directo la música de canciones atemporales tales como “Yo soy aquel”, “La, la, la” o “Vivo cantando” Fue en aquellos primeros años de acercamiento entre las tierras europeas, con restos de sangre en todas las embajadas, cuando, entre tanto producto sajón, nos colamos unas cuantas veces entre los intereses melódicos del continente con un desparpajo emocional de lo más entrañable.
Sin embargo, a partir de los 80 la historia de Eurovisión fue para España y para el resto de participantes un sinsentido y un sinsentir que ya se viene aletargando en una agonía de despropósitos que nadie atiende a parar desde entonces. Ramón, Son de sol o D’Nash son algunos de los representantes de ésta década, todos ellos de presente influencia en las escuelas privadas de artes plásticas más caras de Barcelona.
Será que la UE no quiere que esta visible muestra de indiferencia entre los Estados sea un reflejo de la muy impersonal lacra de la globalización. Deberían animarse a crear nuevos foros de encuentro, presumiblemente ajenos a todo aquello que se refiera a las artes que homogenizan los rasgos distintos a más no poder.
Nosotros no tenemos de qué quejarnos. Por primera vez somos capaces de reírnos de nosotros mismos y por ello deberíamos estar, más que contentos, tranquilos con el resultado. Ya nos hemos reído muchas veces de nuestras vergüenzas con Berlanga y siempre ha sido un nexo para las diferentes formas de entender la identidad común. Nos sanea, nos aporta. Lo que me preocupa es que alguien no lo entienda así y vea en Rodolfo algo distinto a una parodia nacional. Sería peligroso.